Un aromático paseo (III)

Después de la recolección y el secado, hoy vamos a repasar los básicos para conservar las plantas aromáticas en casa en perfectas condiciones. Lo primero va a ser proveernos de la cantidad necesaria de tarros de cristal, preferentemente de pequeño tamaño y que no sean transparentes, ya que la luz empeora la conservación de los aceites esenciales. Si no tenemos tarros oscuros, podemos decorarlos con distintas técnicas; una opción es forrarlos con tela y otra más fácil es teñirlos con laca de bombilla. También dispondremos de material para etiquetar el contenido de los tarros y las fechas en las que lo envasamos.

 

Las hojas grandes, las conservaremos enteras, mientras que las pequeñas las desprenderemos de las ramas, tirando con los dedos de la ramita desde el extremo posterior, ya que las ramas no se utilizaran.

 

Una vez  tengamos los tarros listos, el mejor lugar para almacenarlos es una alacena bien ventilada. No es aconsejable guardar ramilletes de hierbas aromáticas en la cocina, ya que acumulan suciedad y grasa. El tiempo óptimo de conservación es un año, tras lo cual tendremos que renovar nuestra despensa. Si al abrir un tarro, percibimos algún olor extraño o trazas de moho, deberemos desechar su contenido.

 

Otra forma de conservación menos utilizadas pero igualmente útil es  la congelación. Basta con introducir las hojas limpias y cortadas en una bolsa de plástico en el congelador. Este método es perfecto para las plantas de hojas carnosas como la menta o el eneldo. Para tenerlas a punto para la cocina, se pueden elaborar pequeños cubitos de hielo con la planta troceada.

 

Esperamos que os animéis a llenar vuestras despensas de aromas y creatividad.

 

 

 

 

 

 

 

Share

¡Nos gustaría conocer tu opinión!